Una vez más, Gracias Luis.
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viernes, 8 de octubre de 2010
jueves, 6 de noviembre de 2008
Lo lúdico y la cultura hedonista del siglo XXI (I)

Jugar implica no temer al ridículo, dejarse llevar sin acarrear "nada de la vida cotidiana", sugería la filósofa argentina Graciela Scheiner, fallecida hace algunos años. Tal vez, razonaba, a los adultos les cuesta más desprenderse de una visión estructurada de la vida donde se establece lo que está permitido y prohibido, y lo que es o no importante.
Mientras que el niño, entrando en un mundo mágico, aísla la pata floja de una silla y la transforma en una palanca de cambios de un coche de carrera, los adultos sólo toman las cosas por su funcionalidad y reducen la realidad a un esquema con el fin de poder guiarse a través de la agitada cotidianeidad. La pata floja será vista por el adulto sólo cuando se caiga de la silla y vea que ésta ya no sirve para lo que fue construida. El jugador, en cambio, escinde el objeto de su utilidad y le asigna otra arbitrariamente, explicaba Scheiner.
¿Esto quiere decir que en las sociedades actuales los adultos jueguen menos?
Para la psiquiatra Lenore Terr no cabe duda: "En tiempos pasados los adultos han jugado más que ahora". La autora fundamenta su aseveración, por una parte, en el hecho de que el tiempo libre representa cada vez más "un lujo".
Pero, por otra, da una explicación histórica: Antes del surgimiento de la noción de infancia, en la Edad Media, el cuidado de los niños era menos significativo, ya que "no tenían gran valor para sus padres debido a la alta tasa de natalidad y de mortalidad y a la baja edad con que abandonaban sus casas". Sin embargo, esta menor importancia permitía que convivieran más con los adultos en sus ambientes.
Así, los juegos entre ambas generaciones mostraban poca diferencia. Con el surgimiento de la idea de infancia en el siglo XVII, primero en la clase alta, luego en la clase media urbana, grandes ritos y rituales comunales en que los niños –ahora recluidos en los colegios y por sus familias- habían participado como iguales con los adultos, quedaron vetados a los más jóvenes. "Algunas costumbres fueron circunscriptas a la infancia, y más tarde derivaron en juegos", afirma. Para Terr los niños alientan el espíritu festivo, y su ausencia determina la falta de motivos para jugar.
Empero, no todos tienen esta concepción de la actualidad: ¿No se opone a ella el hecho de que la industria del entremetimiento reine por doquier en la llamada sociedad del espectáculo y que la búsqueda del placer y de la evasión parezcan ser las motivaciones que dirigen gran parte de los comportamientos cotidianos?
Mientras que el niño, entrando en un mundo mágico, aísla la pata floja de una silla y la transforma en una palanca de cambios de un coche de carrera, los adultos sólo toman las cosas por su funcionalidad y reducen la realidad a un esquema con el fin de poder guiarse a través de la agitada cotidianeidad. La pata floja será vista por el adulto sólo cuando se caiga de la silla y vea que ésta ya no sirve para lo que fue construida. El jugador, en cambio, escinde el objeto de su utilidad y le asigna otra arbitrariamente, explicaba Scheiner.
¿Esto quiere decir que en las sociedades actuales los adultos jueguen menos?
Para la psiquiatra Lenore Terr no cabe duda: "En tiempos pasados los adultos han jugado más que ahora". La autora fundamenta su aseveración, por una parte, en el hecho de que el tiempo libre representa cada vez más "un lujo".
Pero, por otra, da una explicación histórica: Antes del surgimiento de la noción de infancia, en la Edad Media, el cuidado de los niños era menos significativo, ya que "no tenían gran valor para sus padres debido a la alta tasa de natalidad y de mortalidad y a la baja edad con que abandonaban sus casas". Sin embargo, esta menor importancia permitía que convivieran más con los adultos en sus ambientes.
Así, los juegos entre ambas generaciones mostraban poca diferencia. Con el surgimiento de la idea de infancia en el siglo XVII, primero en la clase alta, luego en la clase media urbana, grandes ritos y rituales comunales en que los niños –ahora recluidos en los colegios y por sus familias- habían participado como iguales con los adultos, quedaron vetados a los más jóvenes. "Algunas costumbres fueron circunscriptas a la infancia, y más tarde derivaron en juegos", afirma. Para Terr los niños alientan el espíritu festivo, y su ausencia determina la falta de motivos para jugar.
Empero, no todos tienen esta concepción de la actualidad: ¿No se opone a ella el hecho de que la industria del entremetimiento reine por doquier en la llamada sociedad del espectáculo y que la búsqueda del placer y de la evasión parezcan ser las motivaciones que dirigen gran parte de los comportamientos cotidianos?
(Juan Pablo Palladino)
Fuente: Revista Teína
Foto: Huellitas
lunes, 20 de octubre de 2008
Enseñar a jugar: un nuevo reto que no tuvieron nuestros padres
Uno de los fatores más importantes para el correcto desarrolo de los niños es el juego. Como padres responsables, tratamos de controlar los juguetes que utilizan nuestros hijos, y buscamos en ellos un contenido educativo que ayude al desarrollo de distintas facetas. Pero ¿sabemos si nuestros hijos saben jugar sin juguetes?, ¿nos hemos preocupado alguna vez de asegurarnos de que nuestros hijos desarrollan al mismo ritmo la capacidad de jugar que la de usar instrumentos? Los niños de hoy día tienen todo tipo de juguetes, y hoy pretendo contar qué desafíos conlleva esta indiscutible ventaja, que puede fácilmente convertirse en un inconveniente
Aunque en principio pueda parecer chocante la pregunta, el asunto tiene mucho fondo: los niños de hoy en día viven una época dominada por utensilios y herramientas cada vez más complejas y avanzadas, y en la misma línea evolucionan sus juguetes. Sin ser conscientes de ello, la mayoría de nosotros ha empezado a desarrollar una cierta adicción a las herramientas auxiliares: todo se hace mejor con las herramientas adecuadas. Y como todas ellas existen hoy día, la consecuencia es directa: dejamos de hacer eso que nos ocupa hasta disponer de la herramienta adecuada.
Este comportamiento de adultos, perfectamente normal y habitual, puede convertirse en un ejemplo pelgroso para los niños. Muchos niños de hoy día renuncian ¡incluso a jugar!, hasta que no disponen de los juguetes adecuados, tal y como ven que hacen sus padres. Esto es una muestra clara de que muchos niños de esta generación no están aprendiendo a jugar, sino a usar juguetes.
Los beneficios del juego son enormes en un niño: desarrollan la imaginación y la creatividad, así como las habilidades sociales, y son un medio excepcional de aprendizaje del entorno. Además, incluyen un componente de improvisación al que el niño debe hacer frente. Sin embargo, cuando sin darnos cuenta limitamos la experiencia del juego, muchos de esos beneficios se quedan por el camino.
Nuestro papel como padres en este caso es vital. Nosotros somos el ejemplo más cercano que tienen los niños para ver cómo se debe vivir, y en virtud de lo que vean actuarán. Así que conviene que nos preguntemos cómo actuamos nosotros mismos cuando jugamos con nuestros hijos.
¿Somos capaces de improvisar un juego cualquiera en cualquier sitio, o esperamos a que todo esté perfectamente preparado y preestablecido, con todo lo necesario?
¿Les invitamos a participar de la creación e invención del juego, o tratamos de controlar todos sus aspectos?
Los niños no necesitan nada especial para empezar a jugar en cualquier momento, pero nosotros mismo podríamos estar dándoles el mensaje contrario. Así que seamos los primeros en ponernos en marcha a la hora de jugar, y lideremos una pequeña rebelión a favor del juego imaginativo e improvisado. No se necesita nada para montar un pequeño guiñol cogiendo un peluche y escondiéndose tras una cama o una mesa, para hacer una mini obra de teatro, para contar chistes o para convertir el salón en la cocina de Ratatouille. Ellos se divertirán aún más que con un juguete (cuando hacemos eso, el "juguete" somos nosotros mismos, y ese es el mejor juguete para cualquier niño), y además les estaremos enseñando a jugar.
*Datos extraídos de Cuentos para Dormir
domingo, 12 de octubre de 2008
Los juegos que yo jugué
Yo jugué a que era ladrón y no me llevaron al juez.
Yo jugué a que era equilibrista sin subirme a las alturas.
Yo jugué a las madres y nunca parí.
Yo jugué a los fantasmas y nunca me llevaron al psicólogo.
Yo jugué al circo, sin salir de mi casa.
Yo jugué a los bomberos y nada se incendió.
Yo viajé sin combustible y visité lugares lejanos.
Yo jugué a la guerra y no maté.
Yo jugué a que era fuerte, mago y que volaba.
Nunca dejé de ser yo.
Con cada uno de mis juegos me hice más persona,
Y supe estar en mil mundos,
Para imaginar éste mejor,
Yo me jugué.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Los Juegos (Alejandro Dolina)

Uds. saben que inventar personajes que hagan carrera en todas las naciones no es cosa fácil... no es cosa fácil... Pocos escritores lo han logrado realmente. E incluso a veces lo logran a esto de crear un personaje que tenga curso en todas las culturas, en todas las naciones...a veces lo logran, digo, escritores de segundo orden.
Estoy pensando en Arthur Conan Doyle, un escritor de segundo orden que ha generado un personaje mundial como es Sherlock Holmes. Y hoy quiero hablar de otro que también lo logró y que es Sir James Barrie. Tanto lo logró que cuando yo digo Sir James Barrie nadie - no creo que nadie - recuerde de quien se trata. Y sin embargo cuando mencione el personaje que el invento, todos lo van a conocer: Peter Pan. Pero al pobre Barrie le paso lo que esta muchacha... Margaret Mitchell, la que escribió "Lo que el viento se llevó". El cine lo devoró. Y yo creo que todos los muchachos dan en pensar que Peter Pan es una creación de Walt Disney. Del mismo modo se piensa de Pinocho y hasta de Blancanieves y de cosas así; tal es la fuerza del cinematógrafo! Bueno, si quiere que le confiese, no me mataría por ser el autor del Pinocho. Nunca que me ha conmovido mucho ese personaje pero otro día vamos a hablar de eso. [-Es de madera...] Si creo que es de madera... A la chica Mitchell le pasó esto. El otro día creo que nos acordábamos de la siguiente circunstancia: en los créditos de la película "Lo que el viento se llevó" no figura el nombre del autor de la novela. Nada menos. ¡Nada menos, caramba! ¡La que inventó la historia! Tampoco escribió ninguna otra cosa. Era una periodista ella; escribió una sola novela, una extensa novela, una copiosa novela pero nunca más nada. Ganó un premio con ella: el premio Pulitzer -de todas maneras- que es un premio a los periodistas. [-Bastante desprestigiado por otra parte como el periodismo mismo...]. No en el tiempo en que ella lo ganó pero ahora si.
¿Quién era James Barrie? ¿Y en que época lo situamos? Nació el siglo pasado, en 1860 en un pueblito muy pobre de Escocia. Era mal alumno, no se destacaba mucho por nada. Casi nunca abría los libros... No tenía gran cosa...
Por ahí, ya cuando joven le dio por escribir pero siempre estaba acomplejado porque creía que lo único que conocía del mundo era su minúsculo pueblo de Escocia. Entonces escribía con cierto recelo. Hasta que algunas de sus novelas sentimentales empezaron a tener cierto éxito. Y publica por ahí, un libro que se llama "El pequeño Ministro" hecho allá por 1890-91 y la gente empieza a conocerlo. Hasta que en 1896 -y esto me interesa a mí- escribe una conmovedora biografia de su madre, Margaret Oglivy. Este libro contiene una frase que paso a leer que revela toda la literatura de Barrie y dice así:
Por ahí, ya cuando joven le dio por escribir pero siempre estaba acomplejado porque creía que lo único que conocía del mundo era su minúsculo pueblo de Escocia. Entonces escribía con cierto recelo. Hasta que algunas de sus novelas sentimentales empezaron a tener cierto éxito. Y publica por ahí, un libro que se llama "El pequeño Ministro" hecho allá por 1890-91 y la gente empieza a conocerlo. Hasta que en 1896 -y esto me interesa a mí- escribe una conmovedora biografia de su madre, Margaret Oglivy. Este libro contiene una frase que paso a leer que revela toda la literatura de Barrie y dice así:
"El horror de mi infancia era que yo sabia que se acercaba el tiempo en que debería renunciar a mis juegos y eso me parecía intolerable. Entonces resolví seguir jugando en secreto."
Yo me voy a detener aquí. Los juegos de Barrie fueron sus libros "El muchacho y David", "Peter Pan"... el más exitoso de todos es "Peter Pan". Pero me gusta esto: "Entonces resolví seguir jugando en secreto." Me detengo aquí y me detengo a recordar a todos los que, como a Peter Pan o como a Barrie, decidieron seguir jugando en secreto. Y no es que a uno le moleste crecer. De paso, crecer no es una actividad relacionada con el tiempo -quiero aclarar- sino con el espacio. Ser grande no es ser viejo, es otra cosa, muchachos! Pero siempre he tenido la sorpresa de que el orden establecido y sus secuaces manifiestos o encubiertos se interesan muchísimo en que uno abandone la niñez para que deje de jugar. Digo, para que uno abandone esa gravedad de los chicos que juegan... esa solemnidad... Quiero decir que los chicos que juegan, no juegan por dinero, ni por obligación, juegan porque les gusta. Y juegan al juego que les gusta y con la gente que les gusta y sino, no juegan. No juegan por codicia y además lo hacen seriamente, sin ese cinismo que viene después con aquello que suele llamarse madurez. Yo creo que de ahí quieren sacarnos para convertirnos en personas resignadas a nuestra suerte, por mediocre que sea esta suerte. Finalmente hay gentes vulgares que desprecian a los que siguen jugando, a los que siguen soñando, a los que siguen engrandeciéndose, no creciendo... Mejor dicho: sí creciendo, no envejeciendo. Quieren que no seamos esa gente que se arriesga en cada cruce, esa gente que juega fuerte como si cada baraja fuera la ultima.
Para los que ya no juegan, para los enemigos de Barrie y de Peter Pan, esto es locura -seguir jugando. Nos convidan a la resignación, a la madurez; gente que no soporta a los que -digo- parados en su propia sombra hacen frente, por ahí, a los miembros de su propia generación que los invitan a crecer - dicen: "Vamos! Tenés que crecer! Y obtener una cuenta bancaria y engordar y renunciar a los cambios bruscos!"... Y a contraer -como suelo decir yo- esa mediocre eficacia que se llama madurez. Pero estos hombres también hacen frente a las generaciones más jóvenes que les reclaman el derecho a no jugar, ser vulgares, a no ser señalados finalmente en su vulgaridad. No, yo creo que la vida de Barrie y de Peter Pan y de los que, en secreto, han resuelto seguir jugando es muy dura.
Y a que siguen jugando esas personas en secreto, siempre tratando de que nadie los vea? Cuando las personas serias que manejan este mundo, los personeros de la razón, del dinero ven al que sigue jugando lo señalan con el dedo.
Pero, a qué juegan? - se preguntarán ustedes. Y ... algunos juegos parecen inocentes:
Digo, hay quienes no pisan las baldosas celestes para no matar ángeles y pisan las baldosas rojas, para matar demonios... cuando nadie los ve. Hay quienes, por ejemplo, corren carreras en la calle contra desconocidos y se juegan la vida en llegar a la esquina antes que ese desconocido y dicen cosas tales como: "Si no llego a la esquina antes que el conscripto ese que va delante de mí, moriré!" Sucede, a veces, que el conscripto también es uno de los que están jugando en secreto! Y entonces se producen carreras tremendas en la que se están jugando la vida el conscripto y nuestro amigo! Y nadie lo sabe! Solo ven dos personas apuradas que transpiran y sufren y tratan de llegar primero a la esquina... y, mirándose, todos dicen: "¿A dónde irán estos?" ¡y no saben que se están jugando la vida! Pero a veces, digo, esos juegos no son tan inocentes y, a veces, el juego consiste simplemente en vivir como si todavía no nos hubiera ocurrido lo mejor. Y ese ya es un juego más pesado, un juego que a veces cuesta caro, un juego serio. No como los juegos cínicos de los que se cubren con apuestas laterales o aquellos que juegan pero dejan en su bolsillo algún dinero para el regreso. ¡No! ¡Me gusta el que se lo juega todo! Y el que lo juega seriamente como los chicos o con la misma fe poética que pedía Coleridge para entender el arte, con esa renuncia a la incredulidad. ¡Ese es el juego!
Y a que siguen jugando esas personas en secreto, siempre tratando de que nadie los vea? Cuando las personas serias que manejan este mundo, los personeros de la razón, del dinero ven al que sigue jugando lo señalan con el dedo.
Pero, a qué juegan? - se preguntarán ustedes. Y ... algunos juegos parecen inocentes:
Digo, hay quienes no pisan las baldosas celestes para no matar ángeles y pisan las baldosas rojas, para matar demonios... cuando nadie los ve. Hay quienes, por ejemplo, corren carreras en la calle contra desconocidos y se juegan la vida en llegar a la esquina antes que ese desconocido y dicen cosas tales como: "Si no llego a la esquina antes que el conscripto ese que va delante de mí, moriré!" Sucede, a veces, que el conscripto también es uno de los que están jugando en secreto! Y entonces se producen carreras tremendas en la que se están jugando la vida el conscripto y nuestro amigo! Y nadie lo sabe! Solo ven dos personas apuradas que transpiran y sufren y tratan de llegar primero a la esquina... y, mirándose, todos dicen: "¿A dónde irán estos?" ¡y no saben que se están jugando la vida! Pero a veces, digo, esos juegos no son tan inocentes y, a veces, el juego consiste simplemente en vivir como si todavía no nos hubiera ocurrido lo mejor. Y ese ya es un juego más pesado, un juego que a veces cuesta caro, un juego serio. No como los juegos cínicos de los que se cubren con apuestas laterales o aquellos que juegan pero dejan en su bolsillo algún dinero para el regreso. ¡No! ¡Me gusta el que se lo juega todo! Y el que lo juega seriamente como los chicos o con la misma fe poética que pedía Coleridge para entender el arte, con esa renuncia a la incredulidad. ¡Ese es el juego!
Yo que, también como Peter Pan, he perdido mi sombra declaro que pienso seguir jugando... Claro que en secreto... Y el que quiera seguir jugando va a ser mi amigo. Y el que ya no juegue más se irá un cielo personal que tengo yo, un cielo de olvido en donde, así como muchos héroes griegos al morir se convertían en constelaciones, quienes resuelven no jugar más también van a ese cielo de mis olvidos y se convierten en constelaciones, constelaciones que tienen nombres... y apellidos. ¡Ay, muchachos! ¡Qué hermosas estrellas brillan en ese cielo de mi olvido!...
Quiero dedicar la charlita de hoy a Barrie, a Peter Pan, a mis amigos queridos que siguen jugando conmigo este juego hermoso pero fuertísimo de hacer un programa en el que parece que uno hace chistes...
...Y EN REALIDAD SE ESTA JUGANDO EL ALMA!
...Y EN REALIDAD SE ESTA JUGANDO EL ALMA!
(Monólogo transcripto del programa radial "La Venganza será Terrible")
*Foto tomada del Blog de S. Diaz Valdéz
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